El primer recuerdo que a mi mente viene de algo que se acercara a literatura fueron dos pequeños cuentos que me trajo mi padre luego de un viaje a la capital; nosotros vivíamos en una vereda un poco retirada del municipio de Jerusalén (Cundinamarca). Los dos libros eran de historietas, uno de ellos recuerdo muy bien que se trataba de la búsqueda de una olla del tesoro, sus protagonistas eran Hugo, Paco y Luis (los sobrinos del pato Donald), el otro no lo recuerdo muy bien pero el protagonista era el tío Rico. Solo sé que los leí muchas veces porque eran los únicos que tenía; ya me los sabía de memoria pero me encantaban, tenían caricaturas, sus hojas estaban viejas, no sé por qué, pero eran muy amarillas, amarillo viejo, eran ásperas y olían ha guardado pero me encantaba leerlos una y otra vez, la verdad no sé si era eso o que no habían más que leer.
Con el paso de los años nunca me sentí atraída por la lectura, en el colegio leía lo que tenía que leer, ¡ni una página más!. La lectura nunca fue mi fuerte hasta que llegué a la universidad, “tuve” que aprender a hacerlo. Le encontré su encanto, ¡claro que lo tiene!; en vacaciones siempre busco un buen libro que leer pero últimamente me inclino más por escribir, me encanta hacerlo, de hecho estoy escribiendo algo muy interesante, llevo 15 páginas y cada página la siento mejor que la anterior. La escritura me apasiona, me permite gritar lo que callo, exteriorizar lo que escondo. Pero sé que para ser una buena escritora no solo me falta mucho por escribir sino mucho más por leer.
CLAUDIA PATRICIA GUZMAN MORENO
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